el espacio

 

 

 

 

Editor: Édgar Sierra Anaya

Thu02232012

Actualización: Hace 1 Horas

Historias Húmedas

SOY UNA NINFÓMANA…¿Y QUÉ?

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A estas alturas de mi vida, no es un secreto para los que me conocen que soy una ninfómana. Mi vida gira en torno al sexo y nada más. Cada día que pasa me asalta una nueva tentación erótica, que solo desaparece cuando me dejo vencer por ella.

UNA DELICIOSA NOCHE SWINGER

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Esa mañana amanecí muy cansada. Definitivamente, la noche anterior había sido indescriptible y agotadora. Entonces, acostada aún en mi cama, cerré los ojos y comencé a recordar lo que había vivido horas antes: El placer infinito de probar las mieles de una figura femenina.

ME SENTÍA LA ‘CULIPRONTA’ MÁS FELIZ DE ESTE MUNDO

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Luego de compartir la llegada de un nuevo año reunida con mi familia y algunos amigos, de disfrutar el olor de la molienda y el sabor dulce de la caña, regresé a Bogotá con un bronceado envidiable y la tristeza de no haber liberado aquellos fluidos que arden en mi cuerpo.

Una caliente semana de receso escolar en casa de mi tía

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La esposa de un hermano de mi mamá se comía la polla de otro de mis tíos, hermano de mi papá. Esas aventuras clandestinas de mi tía política las comprobé, sin asombro, durante una deliciosa e inolvidable semana de receso escolar.

UNA LOCA NOCHE DE VELITAS Y DE PLACER

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En estos días de diciembre, en los que cualquier momento es apropiado para celebrar, con la excusa de que llegó la navidad y el fin de año, y todo vale, decidí salir con una amiga a festejar la Noche de las Velitas.

Un polvo delicioso, bajo la ducha, con un antiguo compañero del colegio

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Estaba ya en sexto semestre, cuando recibí una llamada inesperada. Me alegraba el día, pero no dejaba de sorprenderme. Era un “amiguito” del colegio, con el que no tenía contacto hacía muchos años, pero al que había querido mucho.

El recuerdo que tenía de él se dibujó de forma inmediata en mi mente: un niño tierno, inocente, bajito, con una cara preciosa y un atractivo cuerpo, pero que para mí, entonces, era tan solo un bebe.

Yo le llevaba al menos 5 años, por lo que, aunque duró mucho tiempo jurando que me amaba, jamás le preste atención.

De modo que su llamada me llenó de una confusa mezcla de sentimientos: curiosidad, nostalgia y deseos de verlo, para comprobar si seguía siendo la misma criatura de antes.

Mi amigo necesitaba que le hiciera un favor, así que me pidió que fuera a su casa. Por supuesto, accedí a su petición.

Al día siguiente, como quedamos, llegue a su casa a eso de las 10 de la mañana.

Cuando abrió la puerta, esperaba ver a mi amiguito del colegio, pero para mi sorpresa encontré a otra persona: un tipo grande, de cabello rubio y de mirada color miel intensa. Sólo después de unos segundos entendí que era mi antiguo compañerito de colegio, pero había dado un giro de 180 grados: su cara era igualmente hermosa, pero con los rasgos firmes de la madurez.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue su culo: firme y grande, hecho como para empujar una verga poderosa.

Me invitó a entrar. Pasamos a la sala, y mientras él hablaba yo no paraba de mirarlo de arriba hacia abajo, imaginando tocar cada parte de su cuerpo. Él no paraba de hablar, emocionado por el reencuentro. Yo, como embobada, solo atinaba a decirle que sí con la cabeza, como si de repente hubiera perdido el habla. En esos momentos solo tenía ojos. Me sentía como una sonámbula.

En un momento, recuerdo que me dijo: “Dame 10 minutos, que voy a bañarme”.

Entonces, sentí que me quebraba, y con solo imaginar el agua y la espuma recorriendo su cuerpo, empecé a arrecharme… ¡Qué rico es arrecharse con la imaginación!  

El sonido del agua saliendo por la ducha me excitó aún más, y sentí cómo se mojaba mi ropa interior. Sin reprimir más mi arrechera me desvestí, abrí la puerta del baño y me le metí a la ducha.

Sorprendido intentó preguntar qué hacía, pero antes de que lo hiciera me le tiré encima como una loca. Estaba ansiosa porque me comiera, y él me cogió fuerte del culo y me apretó contra su cuerpo. Tenía ya la verga parada y dura.

Abrí las piernas y sentí cómo me penetraba. El baño estaba lleno del vapor del agua caliente, y bajo la ducha, tendidos en el piso, tiramos como desesperados. Como si quisiéramos recuperar todos los polvos que habíamos dejado de echarnos, mientras estuvimos lejos el uno del otro.

Terminamos ese polvo y arrancamos para el segundo, ahora de pies. Tal y como lo imaginé cuando llegué, me cogió de nuevo entre sus brazos, agarró una de mis nalgas, metió su cara entre mis tetas y me recostó bruscamente contra la pared. Volvió a penetrarme, arrancándome un gemido, que lo excitó todavía más.

Con su verga en lo más profundo de mí llegamos juntos al orgasmo. Fue un polvo inolvidable, una experiencia intensa, con un hombre 5 años menor que yo, pero que haciendo el amor parecía llevarme una vida de experiencias.

 

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