| De acuerdo a investigaciones y estudios realizados
por el antropólogo Carl Henrik Langabek, los Muiscas estaban organizados
en cacicazgos formados por pequeñas aldeas compuestas por bohíos
y parcelas agrícolas y al mando de un cacique.
Este patrón de organización social les permitió diversificar
de manera sorprendente su agricultura, ajustándola a las variadas
condiciones ambientales existentes.
Dicha región se caracterizaba por la gran diversidad de nichos
ambientales ubicados en un espacio relativamente limitado, lo cual fue
aprovechado por los nativos para obtener una variadísima producción
agrícola. Esta multiplicidad se daba en el territorio de cada cacicazgo,
que llegaba a tener labranzas en tierra templada o de páramo, a
las cuales se desplazaban en temporadas de siembra y de cosecha, para
regresar luego a las tierras frías donde tenían su hábitat
permanente.
En los páramos se intensificó el cultivo de tubérculos
de altura, principalmente chuguas, ibias y cubios. En los valles interandinos
se centralizó el cultivo de maíz y papa, en tanto en las
zonas de clima templado había sembrados de maíz, yuca, batatas,
ahuyamas y árboles frutales.
De acuerdo con datos de archivo, el maíz fue el producto alimenticio
más popular, debido, sin duda, a sus cualidades nutritivas, al
uso de sus granos tanto verdes como maduros, a su adaptabilidad a diferentes
pisos térmicos y a su facilidad para el almacenamiento, siembra
y cosecha.
La disponibilidad de parcelas en diferentes pisos térmicos les
permitió también variar su dieta alimenticia y obtener cosechas
durante todo el año escapando así a los inconvenientes de
una agricultura sometida a las heladas y granizadas.
Cada cacicazgo contaba entonces con una producción agrícola
variada y abundante que permitía autoabastecerse en las necesidades
alimentarias básicas y producir excedentes de comida, disponibles
para el intercambio: maíz, papa, ají, yuca, piña
y cubios se intercambiaban por oro, sal, mantas, principalmente.
Pero los cacicazgos no eran solamente autosuficientes en productos agrícolas,
sino también en proteínas provenientes de la pesca y la
caza, actividades generalizadas en todo el territorio Muisca.
Igualmente, cada uno producía utensilios necesarios para el trabajo
en los distintos campos.
Gracias al alto grado de especialización y diversificación,
los cacicazgos pudieron superar sus límites territoriales expandiéndose
mediante el trueque, realizado en las ferias y mercados.
Los más concurridos eran los de los caciques de Tunja, Duitama
y Sogamoso; de menor importancia eran las ferias de Chocontá, Fusagasugá,
Pasca, Saboyá, Sorocotá y Tinjacá, así como
las de los centros productores de sal y coca, entre otros.
Eran ferias que no estaban abiertas a la participación indiscriminada
de cualquier tribu. La participación se hallaba restringida a los
grupos de lengua chibcha que habitaban la cordillera Oriental.
Los muiscas respetaban una territorialidad lingüística, cultural,
más que geográfica o regional y esa variable cultural definía
las características de sus actividades territoriales y agrícolas.
Los muiscas también destinaban las aves al sacrificio y usaban
las plumas para decorar santuarios o como adorno personal. Muchas veces
los españoles denominaron los templos indígenas 'casas de
plumerías' y, aún en 1595, los funcionarios de la corona
encontraron que los habitantes del altiplano persistían en el uso
ritual de las plumas provenientes de tierras bajas. En esta Estación
Astronómica Precolombina Muisca, se encuentra el diseño
que los nativos utilizaban para determinar y planificar el tiempo justo
y prudente de sus siembras y cosechas.
Eran sabios en estas artes de la agrimensura que aprendieron de sus dioses
y, por qué no, de legiones interplanetarias. |